Puerperio y Crianza: una transformación que lo cambia todo

La llegada de un hijo supone un antes y un después.

No solo nace un bebé: también nace una madre y una nueva forma de vivir en familia.

Nada vuelve a ser igual. La transformación es profunda: nos adaptamos al recién llegado, a nuestro nuevo yo, a pasar de ser pareja a ser familia.

La transformación comienza en el Embarazo

A menudo creemos que los cambios empiezan al nacer el bebé, pero en realidad la transformación comienza en el embarazo y continúa durante el parto y la crianza.

La mujer vive intensamente cada cambio desde el inicio, pero tener un hijo es cosa de dos. La implicación consciente de la pareja en todo el proceso es vital. Una vez tenemos al bebé en brazos sentimos la necesidad de conocerlo, abrazarlo, amarlo… y también de redescubrir a la madre y al padre que acaban de nacer.

De pareja a familia: nuevos roles, nuevos retos

Se inicia entonces una etapa nueva, distinta a todo lo que imaginábamos. La pareja se convierte en familia, aparecen nuevos roles y también la necesidad de tiempo para adaptarse. El bebé, a su vez, necesita tiempo para conocer y habitar este nuevo mundo.

El binomio mamá-bebé: unión más allá de lo visible

El binomio madre-hijo es la máxima expresión de la palabra “Yoga”, que significa unión. Entonces, ¿por qué no siempre las mujeres disfrutan de esa unión?

La mente, la sociedad, las creencias heredadas durante siglos nos hacen dudar de lo que realmente sentimos en lo más profundo. Y sin embargo, criar también es abrirse a lo que la vida nos ofrece y aceptar el reto de crecer en familia.

El miedo, las prisas, la sociedad

El miedo muchas veces nos paraliza. Queremos llegar a todo —cuidar del bebé, las visitas, las tareas domésticas— sin ser conscientes de la importancia de la tarea que ya tenemos entre manos: criar. Una tarea de entrega total, que ocupa cuerpo, mente y corazón las 24 horas del día.

Muchas madres me dicen que sienten que “no hacen nada más que cuidar del bebé”. ¿De verdad os parece poco?
No tener tiempo para otra cosa es lo más habitual… y, al mismo tiempo, lo más importante. Porque, ¿hay algo mayor que la crianza consciente de una nueva vida?

Para disfrutarla, tarde o temprano, hay que cambiar el chip: reconocer el valor de lo que supone en nuestra vida, en la de nuestros hijos y en la sociedad. Porque según cómo criamos hoy, será el mundo de mañana.

“Aunque el parto dure unas horas, el embarazo y la lactancia unos meses y la primera infancia unos pocos años… en este tiempo germina la salud física y emocional del niño, su capacidad de relacionarse y amar, su bienestar en este mundo, el respeto a la vida y la alegría de vivir. Y en poco tiempo se teje una generación capaz de afectar al curso de la humanidad.”
— Isabel Fernández del Castillo, La revolución del nacimiento

Cuidarse para cuidar

La crianza supone entrega incondicional, pero sin olvidarnos de nosotros mismos. Bebé, madre y padre/pareja tienen sus propias necesidades, y cuidarlas es esencial.

Solo cuando nos sentimos bien podemos ofrecer lo mejor de nosotros a los demás.

La importancia de confiar en ti misma

Ser madre implica tomar decisiones, confiar en una misma, proteger y cuidar.

Las emociones están a flor de piel; vives inmersa en el mismo mundo emocional que tu bebé. Esa sensibilidad es un regalo, porque te permite empatizar y responder a sus necesidades.

Al mismo tiempo, el entorno opina, aconseja, juzga. Es casi inevitable. Lo que sí podemos trabajar es la confianza en nosotros mismos y en nuestras decisiones.

El papel de la pareja (o la red de apoyo)

Durante el puerperio y la crianza la mujer necesita el apoyo incondicional de su pareja. Eso se construye desde la confianza, la comprensión, el compromiso, el respeto mutuo. Cuando la pareja es capaz de ponerse en la piel del otro, sin necesidad de palabras, es cuando pueden caminar juntos.

El papel de la pareja no es solo repartir tareas: es acompañar, escuchar, abrazar y abrir el corazón para vivir también él esta experiencia emocional y espiritual.

Ser madre/padre: una oportunidad para crecer

Ser madre o padre es uno de los cambios más grandes de la vida. Una oportunidad de crecer, madurar y despertar consciencia.

Y tú, ¿qué eliges?